A todos los agricultores y amantes de la cocina
que han hecho del tomate un compañero fiel:
Gracias por las manos que siembran, cuidan y cosechan,
por la paciencia que convierte semillas en alimento
y por la sabiduría que transforma un fruto sencillo
en colores, aromas y memorias que nutren el alma.
Gracias a quienes, en la tierra o en la cocina,
reconocen en el tomate un pequeño milagro cotidiano:
rojo como la pasión, humilde como la raíz,
versátil como la imaginación humana.
Esta dedicatoria celebra su labor, su creatividad
y ese amor silencioso que sostiene mesas, familias
y tradiciones que nunca pasan de moda.
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